martes, 25 de marzo de 2014

Huellas y Contrastes: Cubanos en Brasil



Brasil ha sido conocido como país de profundos contrastes. Asentado entre las naciones más desarrolladas del mundo por su economía galopante, el gigante sudamericano conviven las mayores riquezas con desigualdades mayúsculas en el ámbito social.
La Salud Pública es una de ellas. Según la Red del Observatorio de Recursos Humanos de Brasil, citado en octubre último por el Periódico Trabajadores, en aquel momento apenas existían en el país 1,83 médicos por cada mil habitantes y 900 municipios contaban con menos d eun médico por cada tres personas.
Por tales motivos, la Presidenta Dilma Rousseff lanzó el programa Más Médicos, plataforma que encontraba resistencia entre sus opositores políticos y el Colegio Médico de aquella nación. En septiembre comenzaron a arribar los doctores extranjeros, los cubanos entre ellos.
 Más de 13 mil galenos trabajarán en Brasil en marzo, confirmó la Presidenta Dilma la semana anterior, según el portal digital Brasil 247.  “Vamos a llegar en abril a ofrecer los servicios de 13.225 médicos conforme con lo que nos habíamos comprometido. De acuerdo a los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) eso significa aumentar la cobertura a 46 millones de personas".

Las cifras crecen todavía, y entre los cubanos, numerosos matanceros prestan sus servicios allí.
Doctora Rondón segunda a la izquierda


Primeros contrastes
“Entro a las 7 de la mañana a la Unidad Básica de Salud, las consultas son arrendadas, son más o menos 22 pacientes, tengo una tarde de ver gestantes, otra de consultas de puericultura, otra de las enfermedades crónicas no trasmisibles, una mañana de visita domiciliar, y otra de ver cualquier patología y exámenes alterados, y un día de la semana para el curso de Internet.” Así describe su semana la doctora Yirmia Rondón Martínez, natural de Guantánamo, pero residente en Matanzas, quien desde octubre labora en el municipio de Santa Isabel, a 45 minutos de Sao Paulo (SP), la segunda mayor urbe latinoamericana.
Más o menos es la misma rutina que viven los doctores Fidel Díaz García y José de la Caridad Santos, ubicados en un remoto paraje de Mato Grosso (MT) y en el corazón de Río de Janeiro (RJ), respectivamente. 
“Aquí las enfermedades con mas incidencia son Hipertensión Arterial, Diabetes, Sífilis congénita, Tuberculosis, Lepra-comenta el doctor Santos, quien trabaja en un municipio donde habitan 6 millones de personas- y la prevalencia de SIDA es muy alta, el 2% de la población tiene HIV”.
Doctor Fidel Díaz  en Brasilia
Fidel por su parte, no oculta que se impactó cuando le dijeron dónde trabajaría. Él primero voló desde Brasilia hasta Cuaibá, capital de Mato Grosso (Selva Grande en lengua aborigen), y de ahí por terraplén durante dos días hasta Gaucha do Norte.
“Nuestra impresión al llegar –comenta- fue que se parece mucho a Ceiba Mocha, con la diferencia de los comercios y el calor tan grande. La ciudad es pequeña, de alrededor de 6000 habitantes, fue fundada hace 15 años por gauchos provenientes del sur. Aquí se conoce por gauchos a los descendientes de alemanes e italianos que se asentaron acá, dedicándose a labores agrícolas, fundamentalmente, de soya, maíz, frijoles, verduras y frutas”.
“Los caminos de acceso a estos municipios –agrega- todavía en pleno siglo XXI son de tierra y no hablamos de pocos kilómetros, sino de 180 y más que separan a unos de otros”.
Sinsabores
Tan contrastante como el entorno o la sociedad circundantes, fue el recibimiento a los cubanos. Si bien, hubo casos críticos, como lo sucedido en Fortaleza, donde integrantes del Colegio Médico abuchearon a los cooperantes a su llegada, también hubo otros que fueron acogidos por todo lo alto, como a una doctora oriental a quien la presentaron al pueblo en medio de un festejo popular.
Dr. Santos durante su recibimiento al centro
Con menos rimbombancia, pero igual de hospitalario relata el doctor Santos que le recibieron a él y sus dos compatriotas en la Unidad Básica, aunque a estas alturas todavía no conozca al prefecto del municipio.
La doctora Yirmia por su parte, mantuvo contacto con la prefectura desde el inicio, y en su Unidad Básica de Salud le recibieron hasta con periodistas. Mas, durante el transcurso del tiempo ha notado diferencias, especialmente con la Secretaría de Salud del poblado. “La mayoría nos ha aceptado muy bien, sobre todo la gente que se ha sentido marginada toda la vida por los médicos brasileños. En cuanto a los colegas locales, creo que se sienten como a la expectativa, siempre pendientes a lo que uno hace o  no hace”.
Todo lo contrario narra el doctor Fidel Díaz, a quien le han ofrecido una acogida calurosa: “Mi relación de trabajo  con colegas y con el personal que labora en la secretaría de salud es bueno, mostrándose atentos ante cualquier situación que se nos presente”.
Díaz García está completamente solo, y en uno de sus mensajes a este redactor pedía no perder el contacto, para tener con quien hablar español. Para él es apenas el comienzo. La doctora Yirmia tardó tres meses para ver a otros cubanos en un entrenamiento en Sao Paulo, y para ambos la soledad se convierte en uno de los riesgos fundamentales en dos poblaciones muy tranquilas.
José de la Caridad Santos trabaja rodeado de personas, en cambio, son otros los riesgos en una ciudad identificada entre las más violentas del país. Aunque su barrio está lejos de los conflictos protagonizados con la delincuencia, no se da el lujo del descuido.
Un colega que prefirió el anonimato,  se excusó de participar en este reportaje porque recientemente en su camino al trabajo presenció un tiroteo entre la policía y los narcotraficantes y tuvo que ser auxiliado por los uniformados para abandonar el lugar.
Mientras Yirmia y Fidel contaron con las gestiones del municipio para la manutención, a Santos no le sucedió igual: “tuvimos que buscar alquiler, comprar bienes de la casa y sin apoyo.”
Cada municipio es autónomo, y ahí radica la principal diferencia del Programa Más Médicos con misiones anteriores de los doctores consultados.  Mientras unos reciben todas las comodidades, a otros les cuesta más trabajo, y como todo plan que comienza, sufre de imperfecciones en lo que se ajustan los pormenores y las diferentes autoridades “aprenden” a convivir con los nuevos trabajadores extranjeros.
Para quienes piensen que cumplir misiones es solo cuestión de paseo y compras, la realidad es bien diferente, porque los cooperantes solo “hacen del cuento la mitad” para no alarmar a sus familias. Mientras aún la misión se estabiliza e intenta mejorar la comunicación entre sus integrantes,  la propagación de rumores acerca del salario, de las vacaciones o los términos del contrato generan motivos adicionales de estrés desde antes de la partida.
“Los riesgos, -piensa la doctora Rondón-  de contraer alguna enfermedad, como la tuberculosis que aquí es común, o ir a parar a un psiquiátrico, porque no es fácil estar solo en un municipio, de la casa al trabajo sin tener con quien conversar, o  que no todo te salga bien allá con los hijos y la escuela, y el matrimonio, que todo se deshaga por esta lejanía”. Para colmo, en un intento reciente de mandar dinero a su familia, perdió la tarjeta del banco con todos los ahorros del mes.
La nostalgia también puede jugar malas pasadas, más allá de lo que los cubanos conocen comúnmente como “el gorrión”. De hecho, en los primeros tres meses 17  internacionalistas solicitaron el regreso a Cuba, cinco de ellos por problemas de salud, reportaba Brasil 247 en febrero, a partir de informaciones del Ministerio de Salud brasileño.
Recibimiento a la doctora Rondón en prensa local
Huellas mutuas
En un año electoral, para los opositores a Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores, el Programa Más Médicos estará bajo la lupa. Cuando no pudieron desacreditar profesionalmente a los galenos cubanos, la emprendieron contra los términos del contrato, basados sobre todo, en la manipulación mediática desatada tras la deserción de una doctora. Recientemente el Ministro de Salud Arthur Chioro compareció ante una comisión del Parlamento, donde resaltó la satisfacción de la mayor parte de los cubanos. De los profesionales que dejaron el programa 79 son brasileños y apenas 7 cubanos, cuando las cifras de galenos de la Isla incorporados son abrumadoramente superiores a los de cualquier nación, incluida la carioca. “Aquí el numero de médicos es ínfimo, -apunta el doctor Fidel Díaz- producto del desinterés de los colegas brasileros en trabajar en condiciones muy difíciles. A pesar de que la prefectura paga por sus servicios un estimado de 23000 reales (10000 USD) no se sienten motivados a trabajar tan lejos de las ciudades principales.”
“De Brasil todos creemos lo que vemos en las telenovelas, muy lindo y agradable; mas esta realidad es mas cruda, estoy trabajando en una zona rural a 780 km de la capital del estado,  el costo de la vida es muy alto, acá hay muchos fazenderos (dueños de haciendas) ricos y la lejanía y el mal estado de los caminos de acceso encarecen cualquier producto o mercancía que se comercialice”.
Las diferencias con el idioma y los protocolos de salud son elementos que también afectan, así como las dificultades en las comunicaciones, pero constituyen retos a salvar, que a la larga beneficiarán profesionalmente a los cooperantes.  La educación al hablar y en el trato también son características marcadas por los entrevistados, así como el casi total desconocimiento acerca de la realidad cubana por parte de la población que atienden.
La huella que dejan los cubanos, a pesar del poco tiempo que llevan en Brasil, ya genera de por sí transformaciones en el pensar: “La semana pasada, -narra la doctora Yirmia Rondón- fue una señora a la consulta, y después q terminé de examinarla y de recetarla, me mira a los ojos y yo que estaba con “el gorrión”, me dice: por favor doctora, no se nos vaya, nosotros la necesitamos, y me miró con tanta necesidad, que al mismo tempo se nos salieron las lágrimas, increíble, como uno llega a querer la gente.”

Distribución de médicos en Brasil 2013. Tomado de Trabajadores
Mato Grosso

Llegada a Belo Horizonte, en la foto doctores Rondón y Santos

Doctora Rondón en visita domiciliar

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